¿Por qué acudir al psicólogo?

Saludos lector@s.

Puede que en alguna ocasión hayas pensado visitar al psicólogo, pero al final “entre unas cosas y otras” no lo hiciste. ¿Por qué? ¿Qué es lo que te ha echado para atrás?  Probablemente se te pasen por la cabeza pensamientos del tipo “en realidad no lo necesito tanto”, “quizás más adelante”, “creo que yo podré solucionar mis problemas solo”, “qué me va decir un psicólogo que yo ya no sepa”, “tampoco sabría qué decirle”, “¿qué pensará de mí si le cuento…”?

Estos miedos o resistencias, son comunes ante cualquier situación de cambio. No sólo te ocurre a ti. Los cambios conllevan procesos de adaptación tanto físicos como psicológicos. Las primeras resistencias que se manifiestan ante un cambio, son los pensamientos que antes mencioné, y que se utilizan como excusas o justificaciones para no acudir a terapia.

 

Ahora bien, ¿qué ocurre si superas la primera resistencia y decides recibir ayuda psicológica?

Pues que tras las primeras sesiones, se inicia un proceso de autoobservación y autoconocimiento, en el que la persona empieza a percibir aspectos de sí misma que pueden ser el orígen de sus problemas, y que antes desconocía. Se inicia el proceso de cambio. Esto, por desgracia no siempre es un alivio, ya que se generan emociones que a veces no son agradables. Es el resultado de la “toma de conciencia”.  Esto quizás origina nuevas resistencias con el objetivo de evitar el malestar emocional, por lo que puede producirse un dilema sobre la utilidad de la terapia, y en ocasiones, propiciar el abandono. Es entonces cuando el profesional, el psicólogo, debe proporcionar al paciente la ayuda necesaria para sosegarse, y acompañarlo. En definitiva animarlo a seguir con el tratamiento. Creo que con la siguiente comparación puede comprenderse mejor esta idea.

Imagina que tienes un dolor punzante, por ejemplo en la espalda. Te va molestando cada día más hasta que te afecta en tu rutina diaria. Decides acudir a un fisioterapeuta y te dice algo así como… “vaya, vamos a tener que trabajar bien esta espalda porque tienes bastantes contracturas. La próxima vez, mejor no esperes tanto en venir”. Quizás podrías haber llamado antes, pero no aparecía en tu orden de prioridades, o como “más o menos” podías aguantar el dolor, pensabas que se te pasaría al igual que en otras ocasiones. Pero esta vez ha ido en aumento.

 

¿Por qué unas veces el dolor desaparece y otras no?

Esto es igualmente aplicable tanto al dolor físico como emocional. Los malos hábitos o la falta de prevención suelen ser determinantes. Si seguimos utilizando la misma comparativa, en el caso del dolor de espalda, puede que una antigua lesión mal rehabilitada, un mal hábito postural, o un mal gesto sean causantes de problemas mayores en el futuro. Además, nuestro organismo utiliza acciones compensatorias para sobrellevar las lesiones, y lo que en un inicio fue un trauma puntual, puede en un futuro ser motivo de dolencias más severas, que puedan incluso incapacitarnos en nuestras actividades diarias.

 

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con saber si debo acudir al psicólogo o no?

A nivel mental ocurre algo muy similar a lo que te acabo de explicar. Incluso me atrevería a decir, que el mero hecho de plantearse la posibilidad de necesitar ayuda psicológica, debería ser motivo suficiente al menos para que un profesional verifique si estás en lo cierto o no.

Psicológicamente, nuestra mente es capaz de compensar las dificultades que se encuentra en el camino, hasta que puede verse sobrepasada por la situación. La forma en cómo lo haga dependerá  de factores ambientales, educativos, psicosociales, de personalidad… y por tanto las consecuencias, como síntomas depresivos, ansiedad, dificultad para tomar decisiones, aislamiento social…, serán distintas en cada persona, pudiendo como en el caso anterior, incapacitar a llevar a cabo actividades cotidianas con normalidad. Acudir a una cita, realizar una entrevista de trabajo, enfrentarse una situación complicada con la pareja… Sobre estos temas profundizaré en las siguientes publicaciones.

 

Si volvemos a la comparación anterior, para tratar el dolor de espalda, posiblemente necesitarás acudir con regularidad al fisioterapeuta, hasta que consiga mitigar la sobrecarga muscular. Además, durante los días siguientes al tratamiento, puedes sentirte incluso con mayor dolor. Serán necesarias varias citas y en el futuro quizás alguna más como mantenimiento o prevención.

Pues con el malestar emocional ocurre lo mismo. Las sesiones en psicoterapia pueden ocasionar dolor emocional cuando se empieza a tomar conciencia. Quizás en los días posteriores te sientas algo desconcertado, y por ello pueden aparecer nuevas resistencias. Como he dicho antes, esto no siempre sucede así, cada persona vive la psicoterapia de manera distinta. Puede incluso que desde las primeras sesiones te sientas aliviado.

Esta comparativa puede ayudar a comprender lo importante que es acudir a psicoterapia antes de que la situación sea límite. Es más fácil poder aliviar el sufrimiento y recuperar las actividades diarias con normalidad cuando se trata de lesiones leves. La psicoterapia te ayudará a superar las dificultades emocionales que puedan llegar a causarte malestar.

 

La función del psicólogo nunca será  juzgar a la persona que acude a terapia, solo escuchar, comprender y acompañar.

Debe considerarse la importancia de la psicoterapia incluso como tarea preventiva, para el mantenimiento de la salud mental, pues es igual de importante que la salud física. No deberían entenderse como conceptos separados, sino como complementarios.

Por ello, te animo a perder la timidez ante la idea de acudir al psicólogo, ya que por desgracia aún existen ciertos estigmas al respecto. Ya sabes lo que dicen, no existe una mente sana sin un cuerpo sano, pues tampoco un cuerpo sano sin una mente saludable.

 

 

Saludos lector@s.